domingo, marzo 28, 2010

Miguel Hernández

Hace 68 años (el 28 de marzo de 1942) murió Miguel Hernández en la enfermería de la prisión donde se encontraba. Tan sólo tenía 31 años.
Para recordarle qué mejor que su propia Elegía a la muerte de un amigo (Ramón Sijé) cantada con Serrat.



He de decir que me cuesta leer poesía, pero él es de esos pocos poetas con los que logro estremecerme. Algunos de sus versos me ponen la piel de gallina. Quizás, también parte del especial cariño que le tengo es el hecho de que en el colegio realizamos hace muchos años un rincón poético en su honor. Yo fui la narradora y tuve que presentar al resto de participantes que recitaban sus poemas. Lo que no impidió que me aprendiera algunos y practicara en casa leyéndome un montón de veces todos los poemas que se recitaron. Quizás la pasión con la que nos dirigió la profesora o el hecho de que fuéramos unos críos hizo que fuera el primer poeta que se me calara muy hondo, como años después lo harían algunos otros. Pero a día de hoy, no puedo leer las Nanas de la Cebolla sin recordar aquello ni la sensación que sentí al descubrir la enorme tragedia que había sufrido ese hombre: la guerra, el hambre, el sufrimiento, la injusticia... la muerte. A veces, hacer comprender algo así a una niña de corta edad que no lo ha sufrido es muy difícil. Pero unos simples versos de Miguel Hernández lo lograron, sus poemas lo dicen todo.

lunes, marzo 22, 2010

Magufadas

Siempre se dice que la curiosidad mató al gato, pero creo que a veces por informarse un poquito nadie sufre una muerte dolorosa (o por lo menos, en la mayoría de los casos). Me canso de power points y otras tonterías varias con chorradas sin sentido que pululan por donde mires. ¿De verdad el ser humano es tan imbécil? Yo soy la primera crédula que se podría tragar cualquier magufada, pero no cuesta nada y menos hoy, con la maravilla de internet, documentarse un poquito e intentar desentrañar la verdad de gran parte de lo que vemos, que bobadas hay muchas, lo sé, pero explicaciones racionales a las cosas, también.
Desde que Marte se vería más grande que el sol, el bicarbonato que cura el cáncer, fotos trucadas de los huesos de un gigante, el archivo con un icono de un osito que era un virus peligroso... hasta la pavada de la pulserita Power Balance. Que si te la compras porque te parece mona, pues yo no soy quién para hablarte de tu mal gusto, pero de ahí a que sus energías chiripitifláuticas te van hacer sentir mejor y te van a curar todos los males hay un camino enorme. Sí, si tienes la pulsera te estoy llamando bobo, así con toda mi cara. Y si además crees que te hace algún efecto beneficioso, pues te comento que eres una víctima del efecto placebo.
Sus vendedores te sueltan: Power Balance es un holograma en el que se han incrustado frecuencias naturales halladas en la naturaleza.
Y se quedan más anchos que largos. Es un holograma, o sea una fotografía especial que según cómo incide la luz en ella podrás ver como si fuera tridimensional. Y la frecuencia no es ningún tipo de energía, no es una emisión, es una unidad de medida, una magnitud física que nos indica cuántas veces se repite lo que estamos midiendo en una determinada unidad de tiempo. Vamos que no sé como narices incrustas tú el número de veces que se repite algo en una fotografía para que esta te ayude en no sé qué. La verdad es que si te lees todo el texto que usan para venderla es un cúmulo de sinsentidos.
Os dejo un par de enlaces muy interesantes que te explican mejor que yo, el primero es muy sencillito y además explica unas cuantas cositas más; el segundo da una explicación ampliada y el tercero da una explicación del supuesto equilibrio al llevarla puesta.
Seis razones para saber de ciencias
Pulseras Power Balance: Charlatanería pseudocientífica
Pulseras de equilibrio


Por favor, decid conmigo: ¡¡¡Basta de magufadas!!!