Egipto enamora, esa es la palabra. Al volver se quedó una nostalgia amable, agradable... algo que nunca había sentido de igual manera en ninguno de mis otros viajes. También es cierto que no es que haya visitado muchos países, aparte de España conozco Italia, Francia, Túnez y si contamos Gibraltar, el territorio británico. Pero no sé, nunca al volver había sentido nada parecido. Como ya he dicho una sensación de regusto dulce nostálgico y con muchas ganas de volverlo a visitar.
Egipto quizás es un país más auténtico, menos globalizado que otros a pesar del turismo... o esa es la sensación que me ha dado.
Cuando estás allí te parece encontrarte en un país anclado en el pasado, una mezcla de la Biblia, de los años 70 y sobre todo de la época de los faraones al visitar sus múltiples monumentos tan bien conservados.
Y ese encanto especial no sólo lo dan sus mezquitas, sus monumentos, sus calles, sus tráfico caótico... también lo dan sus gentes, amables y un poco pesados, pero siempre cordiales y fascinantes a su modo.
Egipto quizás es un país más auténtico, menos globalizado que otros a pesar del turismo... o esa es la sensación que me ha dado.
Cuando estás allí te parece encontrarte en un país anclado en el pasado, una mezcla de la Biblia, de los años 70 y sobre todo de la época de los faraones al visitar sus múltiples monumentos tan bien conservados.
Y ese encanto especial no sólo lo dan sus mezquitas, sus monumentos, sus calles, sus tráfico caótico... también lo dan sus gentes, amables y un poco pesados, pero siempre cordiales y fascinantes a su modo.
